Una triste noticia cruzó el oceano para llegar hasta mi corazón, me hizó pensar en lo fragil que es la serenidad; como somos entes totalmente dependientes del mundo que aunque desde lejos, es parte nuestra, es parte de vivir, de ser feliz, aunque se que todo más temprano que tarde estará bien no puedo fingir que nada pasó, no puedo autoconvencerme de que el mundo no sigue girando, de que el pasado no existe tal vez perdoné, me perdoné y hasta pedí perdón, pero ya no quiero volver a sentir nuevamnete el dolor de la incertidumbre, el miedo de la inseguridad, me gusta mi soledad, es sana y buena amiga... Es tiempo de cerrar las puertas y no abrirlas, es tiempo de volver a caminar, secar las lagrimas y sonreir, afuera siempre habrá alguien para ofrecerme su hombro.
La luz azul sólo deja entrar la tranquilidad...

